Jul 28

Muchas/os spankees han descrito con minucioso detalle el enorme océano de sensaciones que les produce el saber que van a ser nalgueadas/os. Desde escalofríos recorriendo todos los rincones de sus cuerpos, hasta súbitos desmayos, en primerizas que desean experimentar los placeres de una plácida azotaina. Muchas veces hemos visto experimentar el clímax aun antes de que ocurra el primer impacto del elemento de castigo sobre la piel, y hasta hemos oído muchas historias de cómo una sumisa se imagina el momento previo a recibir el correctivo.Sentimientos de temor y deseo se entremezclan para crear el clima perfecto. Ya nos hemos cansado de escuchar siempre lo mismo. (Al menos yo). Sin embargo y a pesar de todo, nunca nos deleitan con los sentimientos que devienen al castigo. En muy pocas ocasiones leí un artículo que detalle con la misma exactitud “del momento previo”, aquel instante en el que la furia y el placer han llegado a su máxima expresión y se sucede la calma. Aquella instancia en la que ambas partes han logrado su cometido y el deseo desaparece dejando en el aire una sensación extraña pero satisfactoria que representa mucho más de lo que nos imaginamos. Representa nada más y nada menos que el hecho consumado. La idealización del pensamiento llevada a su máxima expresión: La realidad.

Y en esta realidad pueden existir miles de situaciones diferentes, y que mejor que escucharlas o leerlas que a través de los actores que las viven. Las/os invito, entonces a recordar ese momento. El momento después del castigo y compartirla con nosotros.

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Mar 14

Realmente no estoy seguro si lo que voy a contar, pertenece a la realidad o al plano de la fantasía; De todos modos, se trata de BDSM y por el simple motivo de la socialización de situaciones, relataré lo que me sucedió ayer por la mañana.

Generalmente me levanto tarde, nunca antes de las nueve y como ocurre habitualmente, debo salir en busca de algo para desayunar, ya que trabajo por la tarde y algunos días de la semana, doy clases en un colegio nocturno, por lo que nunca tengo tiempo de comprar algo para el día posterior. Como lo hago casi todos los días, salí a eso de las once de la mañana, después de haber tomado un baño, hacia un mercadito que queda a unas tres cuadras de mi casa. Mi intención era comprar algunas cara sucias y un atado de cigarrillos, ya que inoportunamente se me habían terminado la noche anterior y definitivamente me mataba la ansiedad.

Gitana bellaAntes de llegar a mi destino oí que me hablaban por detrás y como soy muy respetuoso y atento con los vecinos del barrio, volteé para saludar. Ante mis ojos se presentó la figura de mujer envuelta en un largo y colorido vestido. Era una gitana, llevaba entre sus manos un atado de broches, un magiclick y dos paquetes con sendos modelos de tijeras. Me miró directamente a los ojos, y como me lo imaginé, largó el verso natural de un vendedor ambulante- Necesitas broches?- (En realidad soy muy distraído en lo que se refiere a las tareas del hogar, y tengo, desde hace ya varios años, una empleada que viene a casa tres días a la semana y se encarga, cuanto puede, de las tareas hogareñas, por lo que no sinceramente si necesito broches o no; Y aunque de tanto en tanto algo tenga que lavar y colgar en la soga, no era ese el momento adecuado para decidir si los necesitaba)

Claro.- Le dije – Como si la carencia de los elementos sujetadores requiriera pronta urgencia. Y saqué la billetera, que siempre guardo en el bolsillo trasero derecho de mi pantalón. Mientras abría descuidadamente mi bolsita de contención de dinero, noté que la mirada de la gitana se posaba sobre los únicos dos billetitos que tenía. (Uno de apenas cinco pesitos y otro, un poquito mayor; Concretamente de veinte pesos). – Y, ¿Cuál es el precio de los broches? – Pregunté. A lo que ella me respondió. - Son cinco pesos, pero si te llevás el magiclick te hago veinticinco!. - $20 por el chispero!!! - Exclamé; mientras imaginaba el precio de las tijeras. – No, gracias!, me manejo con el encendedor – Le respondí, tratando de que entendiera de buena manera que con los brochecitos quedaba más que satisfecho.

Sucede que los vendedores ambulantes, no se contentan con poco, particularmente los gitanos, que intentan por todos los medios de convencerte de que a un elevadísimo precio, adquieras cosas que ni siquiera pensabas comprar. Esta situación me pone muy incómodo y como me desagrada la presión, intenté evadirla dándole los cinco pesos en forma de pago por los broches y diciéndole de manera serena. – Mujer; No necesito nada más, aunque si lo que deseas es ganarte estos otros veinte pesos, podríamos llegar a un acuerdo. Si accedes a recibir veinte azotes con una rama. Los veinte pesos son tuyos! – No pude evitar sonreír mientras profería las últimas palabras y no sabría describir con exactitud la mirada que me lanzó la gitana; Lo cierto es que tomó de muy mala manera el dinero y se marchó. Al instante, retomé mi camino sin poder voltear para observar como huía despavorida. A los dos segundos sentí que me chistaban, y pensé (ésta me tiró los galgos encima), me di vuelta con precaución, ya que me esperaba una estampida de gitanos encima de mi cabeza bailando alguna extraña danza andaluza, pero por fortuna me equivoqué; Era la misma mujer. Linda gitana, como no las había visto antes en mi vida. Limpia, al menos así lo parecía a simple vista.- Elegante al caminar y de muy buen gusto para escoger la vestimenta que las caracteriza. – Me explicas mejor de que se trata lo que me propusiste recién – Me dijo con un tono vergonzoso. Volví a explicarle cual era la situación, ésta vez de manera un poco más tímida, pero segura y prestándole poca importancia a la situación. – Bueno, y… Donde lo hacemos – Me contestó sin tapujos. Glup!

Comenzamos a caminar hacia el lado opuesto al que yo iba; Intuitivamente la estaba guiando hacia mi casa, por lo que en un momento dudé y quise evadir la situación; Pero ante todo, soy un hombre de palabra, por lo que de inmediato visualicé un terreno baldío, a escasos metros de donde nos encontrábamos y le indiqué que cruzara el alambrado y me esperara detrás del paredón. Obedeció al instante, y mientras observaba a mi alrededor, intentando evitar que la mirada indiscreta de alguno de los vecinos se posara sobre nuestros actos, recordé mis días de adolescente, cuando la impulsividad y la espontaneidad eran todavía situaciones frecuentes. Debo confesar que me sentí muy avergonzado, y que aunque considere que la impulsividad es inversamente proporcional a la edad en la que se realizan ciertos actos; El doble de la cordura que emplee en ese momento, es la misma que poseía a los doce o trece años. Sin embargo, ya estaba metido en aquel suceso y me dispuse a disfrutarlo hasta las últimas consecuencias.

Entré con precaución al predio citado y me acerqué a la gitana con cautela. Le pedí amablemente que apoyara sus manos sobre el gran paredón que daba hacia la calle y levanté delicadamente sus vestiduras hasta la cintura. Noté que su respiración se aceleraba, por lo que me tomé unos minutos para explicarle que no iba a golpearla fuerte, solamente y a mi criterio, la azotaría por veinte pesos. (Un peso por golpe puede ser muy barato o muy caro, según como se golpee). Entre risas y gemidos, se sucedieron los veinte ramazos; Entre azote y azote, mis palabras se mezclaban con el ruido de la ramas de sauce cortando el aire. Me detenía y volvía a azotar, al compás de los movimientos de cadera de una inexperta spankee. El terminar, se manifestó tranquila y silenciosa y, al darse vuelta me clavo sus ojos negros de una manera cómplice, llamativa.

Inmediatamente volví a sacar mi billetera y le entregué los únicos veinte pesos que me quedaban. Ella los tomó, me agradeció gentilmente y se marchó de prisa. Antes de cruzar el alambrado que sirve las veces de puerta de aquel sitio baldío, se volvió un instante y me dijo.- Esta noche jugale al 88; Vas a tener suerte!.-

Estuve a punto de preguntarle en que quiniela, porque ahora hay varias; Pero, supuse que ya me había dado suficiente.

Con más vergüenza de la que entré, me toco salir de aquel lugar; Por fortuna no había nadie demasiado cerca. En vez de ir al mercadito, tuve que volver a casa a buscar la tarjeta. Las ganas de fumar se habían desvanecido momentáneamente y todo mi cuerpo estaba poseído por una sensación de satisfacción completa. A los cinco minutos, tenía ganas de prender un cigarrillo. Me crucé con un vendedor de escobas y amablemente me convidó uno. (Por fortuna no me pidió nada a cambio). Por cierto… Alguien sabe que número salió en la quiniela ayer por la noche?.

Escrito por: Bat185

Extraído de: BDSM Argentina

Dec 27

Los festejos navideños concluyeron tan rápidamente como comenzó este relato. Estábamos reunidos en la casa de Dunkles y Clara, los administradores de éste blog. Martín y yo, recién llegados de San Luis, anhelábamos pasar las fiestas con nuestros amigos cordobeses, pues hacía varios meses que no teníamos oportunidad de reunirnos, principalmente por razones laborales, además de quien sabe cuantas otras banalidades. Lo cierto es que la invitación que recibimos días atrás, además de suponer una grata atención, se convirtió inmediatamente en un compromiso imposible de eludir.

Spanking en NavidadGeneralmente las reuniones en la casona del alemán, como llamamos normalmente a Dunkles, transcurren de manera formal, pero dadas las circunstancias navideñas, y que las tres parejas invitadas tenemos en común nuestra empatía por las nalgadas, era de esperar que en algún momento de la velada las cosas se salieran un poco del equilibrio natural y nos dispusiéramos a divertirnos como en otras tantas ocasiones, con alguno de los juegos que Ibi (Ibrahim), se empeña en inventar. Ibrahim es un veterano en el ámbito del BDSM, nació en Hungría y vivió muchos años en oriente medio. Según él mismo cuenta, allí aprendió todo cuanto sabe sobre los castigos corporales y aun en su sexta década de vida sigue practicando con su actual pareja una especie muy particular de disciplina doméstica consensuada. Está casado en terceras nupcias con Ava, una joven austriaca treinta y tantos años menor que él y residen en la Capital desde hace ya dos años y medio. A Martín y a mi nos complace pasar largas horas charlando con ellos de política, religión o ciencia, y también claro está, sobre nalgadas y cultura BDSM.
Queríamos llegar bien temprano, con el objeto de ayudarle a Clara en los preparativos para la cena de epifanía. Sin embargo, y a pesar de nuestras buenas intenciones y de nuestra prisa al llegar, descubrimos que Ibi se había tomado el gesto de encargar un abundante banquete, aludiendo a que en éste tipo de celebraciones no hay que trabajar sino festejar; - Lo mejor es distenderse y disfrutar del diálogo y la calidez de los amigos - Dijo Ibi seriamente, cuando por fin llegó, pasadas las cinco de la tarde.
La víspera de la navidad se desarrolló con una naturalidad propia de cualquier grupo de amigos que se reúnen a festejar algún acontecimiento. Por la tarde tomamos unos matecitos amargos con unas deliciosas carasucias que Clara había horneado temprano por la mañana, mientras nos poníamos al corriente de los acontecimientos de los últimos diez meses. El diálogo fue llevándonos de un tema a otro por demás interesantes, al punto de que apenas advertimos que era tiempo de comenzar a cenar. El menú elegido por el mayor de nuestros amigos era tal vez el más acertado para la ocasión. Peceto al Vitel Toné con abundante crema, nueces y alcaparras, matambre arrollado cortado en finísimas fetas, costillar de cerdo, riñoncitos al vino blanco, y una suculenta guarnición de papas sufflé que acompañaba los citados manjares. En tanto que las bebidas no fueron menos escasas; Dunkles, supo estar a la altura de la situación y descorchó varios vinos finos de su entrañable bodega, aunque más tarde se lamentara de su extremada generosidad. Sin embargo, al sonar las campanadas de las doce y entre el sonido de los fuegos artificiales, las copas y las salutaciones, fue quien recibió, entre otros presentes, dos licores mendocinos que guardábamos con Martín especialmente añejados para su deleite. Aunque no tan valiosos como los que supo compartir, se alegró de poseer dos nuevas piezas para su vinoteca. Read the rest of this entry »

Dec 22

Puedo olvidarme de Chiara, de su belleza diáfana ó de su entrega total, me puedo olvidar de las noches de pasión interminables, de su sombra dibujada en la pared, cuando aún atada de sus pies al sujetador de metal que colgaba de nuestro techo, me imploraba que jamás la dejara, que nunca la vendiera a otros Amos, que la compartiera y la alquilara, pero que nunca le dejara libre…

Por supuesto que podré olvidarme de ella, de su sonrisa desafiante, cuando al percibir una órden, se revelaba para que me apoderara de su cuerpo, de su alma, tan transparente como sus ojos color almendra, de su cara angelical. Chiara… La he olvidado, ciertamente, sin embargo a veces todavía la extraño. Es que un día descubrí que su amor era tan puro y su entrega tan incondicional, que se apoderó de mi el temor de no poder ser yo un ser libre, y ni siquiera lo dudé. La dejé volar, para que encontrase en otras manos la pasion de mis castigos, para que puediese ser una esclava completa y entregarse sin prejuicios a alguien que supiera contenerla ó simplemente Amarla en su justa medida.

Pero, me equivoqué?…

Cometí el error de creer que no era posible, que era inviable una relación así. Dudé de mi y luego dude de todo lo que me rodeaba. Hasta que decidí seguir mi vida y olvidarla. Pues si puedo olvidarme de ella, pensé, entonces “jamás seré esclavo de nadie”

Ese fué mi error y lo sigue siendo, Jamás la volví a ver, Jamás la he olvidado, Me tortura la idea de pensar que estabamos tan unidos, uno del otro, como dos plumas de la misma ala surcando el cielo.

A pesar de creer que soy “Amo” en verdad soy un “Esclavo” de mis recuerdos.

Espero que les guste.

Autor: BAT185